Aura Yuliza Suárez, guajira, indígena, migrante y psicóloga en formación, es una joven cuyo corazón está enraizado en la transformación de las vidas de niñas y jóvenes en Barranquilla.
Yuliza Suárez —o Yuli, como prefiere que la nombren— es una joven indígena wayú, radicada en la ciudad de Barranquilla, y es una de las mujeres que lidera procesos dentro de la Red Departamental de Mujeres Jóvenes del Atlántico. A su edad ha experimentado situaciones que la han marcado y la han llevado a tener el liderazgo por el que hoy en día es reconocida a nivel nacional.

Nace en Maicao, municipio fronterizo del departamento de La Guajira, en el seno de una familia del clan wayú Epiayú; cuando tenía 5 años su familia decide radicarse en el estado de Yaracuy, Venezuela. Su infancia la pasa en territorio venezolano junto con su hermana, su mamá y su papá; ella recuerda esos momentos con amor. En 2014, cuando estaba cerca de cumplir 11 años, la crisis económica y, posteriormente, el proceso migratorio en Venezuela la encuentran mientras visitaba a su abuela en territorio colombiano. Habían cerrado las fronteras y no dejaban ingresar a personas colombianas al vecino país; así, Yuliza y su familia no pudieron regresar a su casa de Yaracuy.
Unos meses después del cierre de fronteras deciden desplazarse a Barranquilla y llegan a la casa familiar de doña Dani, su mamá. Después de una temporada de convivir con sus tías, tíos y primos, deciden mudarse a una pequeña casa al suroccidente de la ciudad. Ese sector marcaría la vida no solo de Yuliza, sino también de su familia.
La Red Departamental de Mujeres Jóvenes del Atlántico es una organización que nace hace más de 15 años como un espacio para que las niñas y las jóvenes fortalezcan sus capacidades en liderazgo, participación política y en la prevención de violencias basadas en género. Se encuentran en la Fundación Casa de la Mujer, ubicada en el suroccidente de la ciudad, en el mismo barrio en el que Yuliza y su familia vivían. Fue a través de los talleres que ofrecía la Red que doña Dani comenzó a relacionarse y a participar de los procesos de formación.
“Yuli me enseñó
a alzar la voz”,
dice Osmarly, una de
las jóvenes promotoras.
La Fundación y la Red tienen una estrategia para el cuidado y la sostenibilidad de su espacio físico, y es la integración de una familia cuidadora. Esta consiste en que una familia viva en las instalaciones físicas de la fundación y garantice el cuidado de los espacios, las plantas y la atención logística de los procesos que se desarrollan en esta. Gracias a la cercanía que doña Dani construyó con las personas de la Red y la Fundación, sumado a la situación económica que estaba enfrentando, le ofrecieron a ella ser la familia cuidadora. Allí Yuliza, Sailys, su hermana, y doña Dani vivieron 3 años.
“Lo que se siembra en una joven, se siembra para toda la vida”, dice María Claudia Herrera, cofundadora de la Red, recordando los impactos que han tenido los procesos que se han realizado a lo largo de la historia de la colectiva. María Claudia ha sido una persona esencial en la vida de Yuliza, pues cuando llegó junto con su familia a la Fundación como familia cuidadora, ella las abrazó y las incentivó a ser parte del proceso organizativo y a fortalecer, principalmente, su liderazgo.
“Yuliza comienza a preguntar, a cuestionarse, a interesarse por los temas. Desde allí supimos que algo iba a empezar a cambiar”, recuerda María Claudia cuando habla de la forma en la que Yuliza comienza a ser parte de ese relevo generacional que ha caracterizado a la Red desde su creación. Primero fue María Claudia, desde que cofundó el proceso y asumió el reto de sacar adelante la colectiva; luego pasó a Stefani, quien representó a la Red en derechos sexuales y reproductivos y tomó el liderazgo de procesos como el de promotoras —en el que Yuliza y Saylis participaron—. Después Stefani le enseñó a Yuliza cómo llevar los procesos, a legalizar y construir informes. Yuliza veía en Stefani un referente, una forma posible de encaminar su vida. “Cuando sea grande quiero ser como Stefani”, decía Yuli a sus 13 años.
La transición de Stefani a Yuliza para asumir responsabilidades fue de apenas unos escasos días, antes de que Stefani se fuera del país. Este relevo no la sorprendió, pues desde que ella y su hermana ingresaron a ser parte de la Red, les inculcaron que en algún momento liderarían esos procesos. “Siento que este es mi espacio, me apropié desde muy pequeña”, dice con convicción.
El cariño que les tiene a las niñas es lo que la mantiene muy activa en la Red. Su parte favorita es ver cómo las niñas crecen dentro de los procesos, verlas participar en los talleres y cómo estos influyen positivamente en sus vidas.
Hoy Yuliza cursa cuarto semestre de Psicología. Aunque su sueño era estudiar Sociología, las condiciones económicas y laborales la llevaron a optar por otro programa. Lo que ha aprendido se refleja en el fortalecimiento de los procesos de la Red y en el acompañamiento psicosocial a las niñas y jóvenes. Ella ve con ojos de ilusión su futuro profesional.
Yuli sueña con ser alguien grande, sin darse cuenta de que hoy ya lo es, y que con su activismo ha transformado la vida de muchas niñas y jóvenes en Barranquilla.



