Como resultado del mapeo colaborativo de Cartografía para la re-existencia de la ciudad de Cali, un nuevo contramapa nos devela la reconfiguración territorial, tras cinco años del estallido social.
la re-existencia
Convencidas del poder de la narración y de la construcción colectiva a través de los mapas, un nuevo propósito nos convocó en la ciudad de Cali: elaborar una cartografía colaborativa para leer las realidades y disputas actuales que coexisten en el territorio. En el año 2021, Cali vivió un proceso de movilización masiva en rechazo de las desigualdades sociales, económicas y políticas del país, el cual posteriormente fue llamado “estallido social”; desde entonces, la ciudad es reconocida como la capital de la resistencia, donde se sintetizan las luchas históricas de los pueblos y las comunidades diversas que habitan el suroccidente colombiano. En este escenario convergen memorias, desigualdades y procesos organizativos que continúan disputando el presente e imaginando otras formas de vida posible.
Cali, la ciudad de los siete ríos, está compuesta por un 70% de territorio rural, organizado en 15 corregimientos, algunos de estos pertenecientes al Parque Nacional Natural Farallones de Cali, que cuenta con gran diversidad de flora y fauna, coexistiendo alrededor de 561 especies de aves, casi el 30% de toda la avifauna nacional. Esta es una de las principales características que este nuevo mapa buscó visibilizar. Paradójicamente, la zona rural es una de las más afectadas en las últimas décadas, atravesando problemáticas ambientales como la contaminación hídrica causada por la minería de oro y las altas concentraciones de mercurio y plomo, particularmente en los corregimientos de Pichindé, Felidia y Los Andes. Por su parte, los corregimientos de Golondrinas, Montebello y La Buitrera, se están viendo afectados por minería de materiales de construcción y de carbón, y la extracción de materiales de arrastre como arena y piedra en Pance.
A esta realidad se suma el acelerado proceso de gentrificación que atraviesa la zona rural de Cali, impulsado por la expansión de proyectos inmobiliarios de alto costo. Este fenómeno ha generado el desplazamiento progresivo de comunidades campesinas, el incremento del valor de la tierra, de los impuestos y de los servicios públicos, así como una creciente presión sobre los acueductos comunitarios y otros bienes comunes que sostienen la vida en el territorio. En este contexto, la tierra —su tenencia, uso y significado— continúa siendo un escenario de disputa, no solo en la ruralidad caleña, sino también en el casco urbano, donde diferentes actores confrontan modelos opuestos de ciudad, desarrollo y formas de habitar el territorio. Muestra de ello son megaproyectos como Ciudad Paraíso y Plan Jarillón que han llevado al desalojo de las comunidades por medio del uso excesivo de la fuerza pública y reubicaciones que siguen alimentando las amplias brechas de desigualdad.
Las mujeres, desde
múltiples procesos
organizativos, seguimos
abriendo espacios
de diálogo, cuidado
e incidencia.
Este nuevo mapa también permitió evidenciar el recrudecimiento del conflicto y el incremento de acciones bélicas de diversos grupos armados en la región, que hoy afectan a Cali como epicentro económico, político y social del suroccidente colombiano, y como un territorio estratégico para los corredores del tráfico de drogas y armas. Las zonas identificadas con mayor conflictividad corresponden al oriente de Cali y a su ladera, donde convergen fenómenos como la extorsión, los asesinatos, las fronteras invisibles, el microtráfico, el reclutamiento, la presencia de bandas, grupos armados y la trata de personas. En este contexto, Cali ha sido también escenario de una preocupante escalada de violencia, reflejada en explosiones y ataques dirigidos contra la fuerza pública mediante carros bomba, motocicletas cargadas con explosivos y cilindros lanzados con rampas improvisadas, hechos que han dejado a la población civil como una de las principales víctimas.
Construimos colaborativamente un mapa que busca crear una narrativa del territorio que permita comprender lo que ocurre en sus múltiples dimensiones: en los lugares, en quienes los habitan y en quienes continúan construyendo, día a día, una ciudad para todas y todos. En este ejercicio, los procesos de re-existencia impulsados por movimientos y organizaciones sociales son fundamentales para entender las disputas territoriales y las luchas que buscan contrarrestar y transformar las profundas desigualdades e injusticias que atraviesan la ciudad.
En la ruralidad, los procesos organizativos han centrado sus esfuerzos en la defensa de los ríos, las reservas naturales y las especies que las habitan, así como en la promoción del uso responsable y la tenencia justa de la tierra. A su vez, las expresiones culturales como la danza, el teatro, el hip-hop, la pintura, el cine y el muralismo cobran fuerza en la zona rural, las laderas y el oriente de Cali como herramientas de construcción de paz, resistencia y transformación social.
Las mujeres, desde múltiples procesos organizativos, seguimos abriendo espacios de diálogo, cuidado e incidencia, demostrando que allí donde el mapa evidencia las conflictividades, también crecen múltiples formas de organización y de re-existencia que sostienen la vida en el territorio.






