EL VALOR DE NOMBRAR: CAMINOS QUE CAMBIAN VIDAS

INSTANCIA POR LA SALUD Y EL DESARROLLO DE LAS MUJERES / OSAR

Evelyn Texaj, joven maya kaqchikel de Chimaltenango, impulsa la educación integral en sexualidad y la prevención del embarazo en niñas, enfrentando silencios, estigmas y desigualdades históricas.     

Evelyn Texaj tiene 31 años, es mujer maya kaqchikel y en su trabajo comunitario en Chimaltenango ha visto de cerca cómo el silencio, la desinformación y la violencia afectan la vida de niñas y adolescentes. Su labor se centra en promover la educación integral en sexualidad (EIS) y en prevenir embarazos en niñas, un problema que sigue marcando la vida de niñas y adolescentes de Guatemala. Desde su experiencia, habla con claridad sobre los desafíos y las urgencias que enfrenta el país.

OSAR: ¿Qué te motivó a involucrarte en la prevención del embarazo en niñas y adolescentes?

Evelyn Texaj: Lo que más me marcó fue ver a niñas de 12 o 13 años convertirse en madres sin haber tenido la oportunidad de decidir. Muchas veces esos embarazos son resultado de violencia sexual, pero se normalizan. Cuando entendí que la información podía cambiar esas historias, decidí dedicarme a esto. No es solo un trabajo, es una responsabilidad con las niñas que vienen detrás de nosotras.

Evelyn Texaj, defensora de derechos en Chimaltenango

OSAR: ¿Cómo influye tu identidad como mujer joven maya en tu trabajo por la EIS?

ET: Mi identidad es parte de todo lo que hago. Crecí en una comunidad donde hablar de sexualidad no era común, pero donde sí veíamos las consecuencias del silencio. Ser mujer maya me ha enseñado a escuchar, a trabajar desde el respeto y a entender que la información es una herramienta de protección. Cuando entro a una comunidad, las niñas y las madres me ven como alguien cercana, alguien que entiende su realidad. Eso abre puertas.

OSAR: ¿Qué barreras encuentras al hablar de EIS en comunidades donde el tema sigue siendo sensible?

ET: La principal barrera es el miedo: miedo a que la información “despierte” algo en las niñas, miedo a romper tradiciones, miedo a hablar de violencia. También hay mucha desconfianza hacia las instituciones. Pero cuando explicamos que la EIS no es enseñar a tener relaciones, sino a reconocer el cuerpo, los límites, el consentimiento y los riesgos, las familias empiezan a escuchar. La resistencia baja cuando sienten que no venimos a imponer, sino a acompañar.

OSAR: ¿Qué resistencias enfrentas por ser una mujer joven, indígena, liderando estos procesos?

ET: A veces se duda de nuestra capacidad solo por ser jóvenes o por ser indígenas. Me han dicho que estos temas “no son para mujeres de comunidad” o que “no deberíamos meternos en problemas”. Pero también he encontrado mucho apoyo, especialmente de mujeres mayores que quieren que sus hijas y nietas vivan diferente. La resistencia existe, pero también lo hace la fuerza colectiva.

OSAR: ¿Qué crees que la sociedad todavía no comprende sobre el embarazo adolescente en Guatemala?

ET: Que no es un “problema familiar”, es una violación de derechos. Una niña embarazada es una niña violentada. Y mientras sigamos viendo estos casos como algo normal o inevitable, no vamos a avanzar. Hace falta entender que la prevención no empieza cuando ya hay un embarazo, sino cuando garantizamos información, acompañamiento y acceso a servicios y educación.

OSAR: ¿Qué mitos encuentras con más frecuencia cuando hablas de sexualidad con familias y comunidades?

ET: El mito más fuerte es que hablar de sexualidad “incita” a las niñas a tener relaciones. Otro es que la menstruación es un tema vergonzoso o que los métodos anticonceptivos son peligrosos. También hay ideas erróneas sobre el cuerpo de las niñas, como creer que “maduran” antes y por eso “ya pueden ser madres”. Combatir esos mitos requiere paciencia y claridad.

OSAR: ¿Qué cambios has visto cuando una comunidad recibe información clara y respetuosa?

ET: Se nota en la confianza. Las niñas empiezan a hacer preguntas, las madres se acercan más, los maestros se involucran. Cuando la información llega de forma adecuada, se rompen silencios que antes parecían imposibles. He visto comunidades donde, después de procesos de formación, las niñas ya no tienen miedo de decir “esto no está bien” o “necesito ayuda”. Ese es un cambio enorme.

OSAR: ¿Qué transformaciones consideras urgentes para proteger a las niñas y adolescentes?

ET: Necesitamos que la EIS sea una prioridad real, no solo un discurso, también necesitamos que las instituciones respondan con rapidez y sin revictimizar. Pero, sobre todo, necesitamos que las niñas sean escuchadas. Ellas saben lo que viven, saben lo que necesitan. Si no las ponemos en el centro seguiremos repitiendo los mismos errores.

OSAR: ¿Qué mensaje le darías a otras jóvenes mayas que quieran involucrarse en la defensa de los derechos?

ET: Que su voz importa. Que no necesitan pedir permiso para defender a las niñas de sus comunidades. Y que no están solas. Cada paso que damos abre camino para otras. Nuestro liderazgo es necesario. 

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